Sí, con una precisión que importa: los ensayos que han comparado directamente la psicoterapia por videollamada con la presencial no encuentran diferencias relevantes de eficacia en depresión, ansiedad y estrés postraumático. En depresión la diferencia es de 0,04 en una escala de tamaño del efecto, o sea, indistinguible de cero. Lo que la evidencia permite decir es que el formato online no sale peor, no que ambos formatos sean idénticos. Y hay terrenos donde todavía no se puede afirmar ni una cosa ni la otra: terapia de pareja y familia, trastornos de la conducta alimentaria y los cuadros que los ensayos han ido dejando fuera.

Si estás en crisis o aparecen ideas de hacerte daño, eso no se resuelve buscando terapeuta: se atiende ahora. En España, el 024 atiende la conducta suicida las 24 horas y es gratuito, el 717 003 717 es el Teléfono de la Esperanza, y en emergencia, 112. Fuera de España, tu servicio local de emergencias. Una consulta privada online, la mía incluida, no es un dispositivo de urgencias.

«¿De verdad funciona si no estoy en la consulta?». Es la duda más razonable que existe y me la hacen casi cada semana. Suele venir con una sospecha añadida: que el online sea la versión de rebajas de la terapia de verdad.

Respuesta rápida: el formato importa menos de lo que parece, pero no da igual

En los problemas más estudiados, cambiar la consulta por la pantalla no empeora los resultados. Lo que sí decide es lo de siempre: que haya evaluación previa, encaje con el profesional, privacidad real donde te conectas y continuidad. Ahora bien, «no hay diferencias detectadas» no significa «da exactamente lo mismo para todo el mundo». Hay indicaciones con poca evidencia, hay perfiles que los estudios no incluyeron, y hay situaciones en las que la distancia es un problema de seguridad y no de comodidad.

Qué dice la investigación, separando lo que la divulgación mezcla

Antes de los datos hay que deshacer una confusión que está en casi todos los artículos sobre esto. Se llaman igual y no son lo mismo:

  • Psicoterapia por videollamada: sesiones con un terapeuta, en directo. Es lo que hago yo, y de esto va este artículo.
  • Programas de TCC por internet: módulos escritos que la persona va haciendo por su cuenta, con apoyo del terapeuta por mensajes. Funcionan, pero son otra intervención.
  • Apps y chatbots: solo se han comparado con no hacer nada o con listas de espera, con efectos pequeños y mucho abandono. Nunca se ha demostrado que equivalgan a la psicoterapia con un profesional.

Con esa separación hecha, esto es lo que hay sobre la primera:

Sobre los programas de TCC por internet con apoyo del terapeuta, la revisión más actual concluye que rinden como la TCC presencial (g = 0,02). Es un resultado sólido y muy citado, pero no sirve como aval de la videollamada: mide otra cosa. Esa confusión estaba en la versión anterior de este mismo artículo y la he corregido.

Una advertencia metodológica que casi nunca se hace y que cambia cómo hay que leer todo lo anterior. Casi todos estos trabajos son análisis de ausencia de diferencia significativa, no diseños de no inferioridad con un margen fijado de antemano. No detectar una diferencia no es lo mismo que demostrar que no la hay. Por eso escribo «no se observan diferencias relevantes» y no «está demostrado que es igual de eficaz».

Dónde la evidencia es floja y nadie lo suele decir

  • Terapia de pareja y familiar. La única revisión que compara formato digital y presencial en terapia sistémica reúne cuatro ensayos, todos con jóvenes y sus padres, y concluye que no puede descartarse ni la equivalencia ni la superioridad de ninguna modalidad. Dicho claro: para pareja no hay base para afirmar equivalencia. La versión anterior de este artículo lo daba por bueno y era un exceso.
  • Orientaciones que no son cognitivo-conductuales. Los ensayos están dominados por protocolos de corte conductual. La evidencia comparativa para otros enfoques por vídeo es mucho más fina.
  • Los perfiles excluidos. Riesgo suicida activo, psicosis aguda, trastorno alimentario con compromiso médico y dependencia grave suelen quedar fuera de estos estudios. Ahí no hay datos que digan que el online funciona igual, ni que funcione peor. Simplemente no se ha medido.

La alianza terapéutica: lo que sí y lo que no se puede decir

Se repite mucho que lo que más predice el éxito de una terapia es la relación con el terapeuta. La versión honesta es algo más modesta. El metaanálisis de referencia, con 295 estudios y más de 30.000 pacientes, encuentra una asociación moderada entre la calidad de la alianza y el resultado (r = 0,28), sin diferencias detectadas entre orientaciones ni tipos de problema. Eso corresponde a algo menos del 8 % de la variación en los resultados, y sigue abierto el debate sobre cuánto de esa relación es causa de la mejoría y cuánto consecuencia de estar ya mejorando. Es un predictor robusto, no un ranking de causas.

Sobre el formato, el metaanálisis más actualizado no detecta diferencias de alianza entre videollamada y consulta, ni valorada por los pacientes ni por los terapeutas. Y lo que matiza el cuadro, que también toca contarlo: un metaanálisis anterior encontró la alianza algo menor en vídeo, con un intervalo demasiado amplio para descartar una diferencia real, aunque la reducción de síntomas sí resultó no inferior; y en teleterapia la asociación entre alianza y resultado parece algo más débil que en consulta.

O sea: nadie ha encontrado que el vínculo por pantalla sea peor. Decir que se construye «exactamente igual» es otra cosa, y eso no está establecido.

Trauma y EMDR online: el matiz está en la técnica, no en el trauma

Aquí la versión anterior de este artículo también afinaba mal. El estrés postraumático es de lo mejor estudiado en formato remoto, no de lo peor. Los metaanálisis no detectan diferencias entre la exposición prolongada o la terapia de procesamiento cognitivo por videoconferencia y esas mismas terapias en consulta (d = 0,06). Con dos honestidades: en el ensayo más grande, la videoconferencia fue inferior a la presencial en la escala administrada por el clínico al terminar el tratamiento y solo alcanzó la no inferioridad a los seis meses; y casi toda esa base procede de veteranos estadounidenses.

Del EMDR por videoconferencia, que es parte de lo que hago, la evidencia es bastante más floja y prefiero decirlo: no existe ningún ensayo aleatorizado que compare EMDR remoto con EMDR presencial. Lo que hay es una revisión sistemática de 16 estudios y 1.231 participantes, de los que solo tres son aleatorizados y trece son estudios sin grupo de comparación. Es una opción razonable y con datos prometedores de viabilidad, no una equivalencia demostrada.

Sobre trauma complejo, disociación intensa o riesgo autolesivo, mi cautela es real pero quiero etiquetarla bien: no existe evidencia de que trabajarlo por vídeo sea perjudicial. Lo que ocurre es que esos perfiles quedaron fuera de los ensayos, así que ahí no hablo desde la investigación, sino desde criterio clínico y desde el plan de seguridad que exigen las guías.

Cuándo la terapia online no es mi primera opción

Un dato que sorprende a mucha gente: ni las guías de telepsicología de la American Psychological Association, revisadas en agosto de 2024, ni la guía del Consejo General de la Psicología excluyen la terapia online por diagnóstico. No hay lista de trastornos «no aptos». Lo que piden, y en tono orientativo, es una valoración individual de idoneidad y un plan de emergencia con la ubicación del paciente, un teléfono y una persona de contacto.

Así que lo que viene son criterios míos, no requisitos que pueda atribuir a nadie:

  • Riesgo vital inminente o descompensación que necesite atención presencial urgente.
  • Ausencia de un equipo de salud mental de referencia que pueda intervenir sobre el terreno y coordinarse conmigo, cuando el caso lo va a necesitar.
  • Menores sin un adulto responsable localizable durante la sesión. Ojo, que la edad por sí sola no es el criterio: en población infantojuvenil la evidencia comparativa es favorable, y lo decisivo es si hay alguien disponible y un plan viable.
  • Conexión que no permite sostener una sesión con seguridad.

Ninguno de esos casos significa que la terapia online «no funcione». Significa que una consulta privada online no sustituye a un dispositivo de urgencias de 24 horas ni a un equipo que pueda acudir a un domicilio.

Cómo comprobar que quien te atiende puede atenderte

Vale para mí y para cualquiera:

  • Pide el número de colegiado y contrástalo en el directorio público del Colegio Oficial de la Psicología que le corresponda. Es un registro público y obligatorio, y es la vía más fiable. El mío es el M-40811 del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
  • Puedes confirmarlo también en el Registro Estatal de Profesionales Sanitarios, con una advertencia que el propio Ministerio de Sanidad publica: todavía no están incorporados todos los profesionales en ejercicio, así que sirve para confirmar, no para descartar.
  • Distingue los dos títulos. Psicólogo General Sanitario es grado más máster oficial habilitante; Psicólogo Especialista en Psicología Clínica es la vía PIR. Son cosas distintas y ninguno debe presentarse como el otro.
  • Sobre tus datos, una consulta online maneja datos de salud, que el RGPD trata como categoría especial. Lo habitual es que el tratamiento se ampare en la asistencia sanitaria prestada por un profesional sujeto a secreto, no en tu consentimiento. Tu historia clínica se conserva un mínimo de cinco años desde el alta, y ninguna sesión puede grabarse sin tu consentimiento explícito y aparte. Grabar no es necesario para hacer terapia.

No existe una ley española específica de psicoterapia por medios telemáticos. Se aplican exactamente las mismas obligaciones que en consulta presencial.

En qué se diferencia de otras cosas

Este artículo va solo de si el formato funciona. Si tu pregunta es otra:

¿Cuándo pedir ayuda?

No hace falta estar hundido para empezar, y tampoco hay que esperar a tenerlo claro. Si llevas meses arrastrando lo mismo, si has notado que tu vida se organiza alrededor de evitar algo, o si ya intentaste terapia y se quedó a medias, ese es momento suficiente. Y ante riesgo de hacerte daño, 024, 717 003 717 o 112, sin esperar a ninguna cita.

Si quieres empezar por algún sitio, en una valoración gratuita de 25 minutos vemos qué te pasa, si el formato online encaja con tu caso y cómo sería un trabajo de terapia individual online. Si no encaja, te lo digo.

FAQ: terapia online y evidencia

¿La terapia online es igual de eficaz que la presencial?

En depresión, ansiedad y estrés postraumático, los ensayos que comparan ambos formatos no encuentran diferencias relevantes. La formulación precisa es esa: no se detectan diferencias. La mayoría de esos estudios no están diseñados para demostrar equivalencia estricta, así que «no sale peor» está bien sostenido y «es exactamente igual» va un paso más allá de lo medido.

¿Funciona para terapia de pareja?

Ahí la evidencia comparativa es insuficiente. La única revisión que compara formato digital y presencial en terapia sistémica reúne cuatro ensayos, ninguno de terapia de pareja adulta, y concluye que no puede descartarse ni equivalencia ni superioridad de ninguna modalidad. Puede tener sentido probarlo, pero quien te diga que está demostrado que funciona igual, se lo está inventando.

¿Y el EMDR por videollamada?

No hay ningún ensayo aleatorizado que lo compare con el EMDR presencial. Lo disponible son estudios de viabilidad, en su mayoría sin grupo de comparación, que no encuentran más abandonos ni más efectos adversos. Es una opción razonable con evaluación previa y preparación, no una equivalencia demostrada, y así conviene que te lo cuenten.

¿Se puede crear vínculo de verdad por una pantalla?

Los estudios que han medido la alianza terapéutica en ambos formatos no la encuentran peor en videollamada, ni según los pacientes ni según los terapeutas. Un metaanálisis anterior sí la encontró algo más baja, con un margen de error demasiado amplio para concluir nada. Lo que no está establecido es si esa alianza se construye por el mismo camino en cada formato.

¿Hay casos en los que no deberías hacer terapia online?

Ninguna guía profesional excluye la terapia online por diagnóstico. Sí hay situaciones donde yo no la propongo como primera opción: riesgo vital inminente, necesidad de un equipo que pueda intervenir presencialmente, menores sin un adulto localizable durante la sesión y conexiones que no permiten sostener la sesión con seguridad. No es que el formato falle, es que una consulta online no cubre lo que cubre un dispositivo de urgencias.


Andrés Silvestre Gámez es psicólogo general sanitario, colegiado M-40811, especializado en trauma complejo, EMDR e IFS. Trabaja exclusivamente en formato online desde España.