Si eres una persona LGTBIQ+ y llevas tiempo aplazando una cita médica por miedo a cómo te van a tratar, no estás exagerando. La evitación se aprende, muchas veces después de un comentario fuera de lugar, de preguntas que daban por hecho una vida que no era la tuya o de una exploración que viviste como invasiva. Ese miedo tiene sentido, pero dejar de ir te alivia hoy y te puede pasar factura mañana. Se puede ir con más control: preparar lo que quieres decir, llevar compañía, pedir que te expliquen cada exploración antes de hacerla y saber qué dice la ley. Tu orientación o tu identidad no son el problema. El problema es el trato.
Si estás pasando por un momento de crisis o aparecen pensamientos de hacerte daño, no lo sostengas a solas: 024 (línea de atención a la conducta suicida, 24 h), 112 si hay peligro inmediato, o 717 003 717 (Teléfono de la Esperanza).
Está escrito para personas adultas lesbianas, gais, bisexuales, trans, no binarias, intersexuales o queer. Tres frases de ejemplo, compuestas y no sacadas de casos reales: “ya iré cuando sea grave”, “no tengo fuerzas para volver a explicar quién soy”, “en la sala de espera me sudan las manos”.
Este texto va del miedo al trato. El miedo a estar enfermo lo trata el artículo sobre hipocondría y ansiedad por la salud, y el de las agujas tiene su propio texto sobre fobia a la sangre y a las agujas. Si eres madre o padre y te preocupa cómo atienden a tu hija o a tu hijo, empieza por qué hacer si tu hijo es LGTBIQ+, porque aquí no se trata la atención a menores.
Respuesta rápida: el miedo tiene historia y la consulta se puede preparar
Evitar al médico casi nunca empieza de golpe. Suele empezar con una consulta en la que sentiste que te juzgaban, una pregunta sobre tu pareja que daba por hecho algo que no era, un nombre que ya no usas dicho en voz alta en la sala de espera o una exploración que nadie te explicó. A partir de ahí, la siguiente cita se vive con el cuerpo en guardia.
No hace falta que el miedo desaparezca para ir. Ayuda llevar un plan: qué vas a contar, quién te acompaña, qué puedes pedir y qué harás al salir. Eso sí, ante síntomas urgentes, dolor intenso o riesgo, acude a urgencias o llama al 112 aunque te dé miedo el trato.
¿Por qué evitas ir al médico aunque sepas que lo necesitas?
Suelen juntarse dos cosas. Una es la anticipación: tu cabeza ensaya la consulta antes de que ocurra, y la ensaya en su peor versión. El modelo de estrés de minoría describe las expectativas de rechazo y el esfuerzo de ocultarse como parte del estrés que el estigma impone a las personas lesbianas, gais y bisexuales (Meyer, 2003). Ese desgaste se explica con calma en estrés de minoría LGTBIQ+.
La otra es el aprendizaje. Cuando evitas algo que temes, el alivio llega enseguida, y ese alivio hace que la próxima vez cueste un poco más ir. La investigación sobre ansiedad explica así cómo la evitación mantiene el miedo, aunque también matiza que algunas estrategias que te devuelven sensación de control pueden ayudarte, según para qué las uses (Hofmann y Hay, 2018). Preparar la consulta va por ahí: cuidarte sin dejar de ir.
Tampoco es algo que te pase solo a ti. En la encuesta europea de 2023 de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE, el 15 % de las personas LGTBIQ+ que respondieron desde España se sintió discriminada por ser LGTBIQ+ por el personal sanitario o de servicios sociales en los 12 meses anteriores; en el conjunto de la Unión Europea, el 14 % (FRA, 2024). En toda la Unión, además, el 18 % de las mujeres trans y el 17 % de los hombres trans contaron que habían renunciado a un tratamiento médico que necesitaban por miedo a la discriminación o a reacciones negativas. Es una encuesta en línea a personas que quisieron participar, así que no mide con exactitud lo que pasa en cada consulta. Aun así, deja ver el mecanismo: el miedo al trato aleja de la consulta, y eso puede acabar costando salud.
Cómo preparar la consulta para ir con más control
No necesitas sentirte valiente para ir; te basta con que la consulta tenga menos sorpresas. Quédate con lo que te sirva:
- Ve con alguien. Una amiga, tu pareja o alguien de confianza puede esperarte fuera o estar al otro lado del móvil. Si quieres que entre contigo, pregúntalo al llegar.
- Lleva escrito en el móvil, en tres o cuatro líneas, qué te pasa, desde cuándo, qué te preocupa y qué quieres preguntar. Si los nervios te dejan en blanco, la nota sigue ahí.
- Tu orientación o tu identidad se cuentan cuando son relevantes para lo que consultas y cuando tú quieres. Si prefieres que usen tu nombre sentido o tus pronombres, puedes decirlo al empezar, en una frase y sin justificarte.
- Antes de cada exploración, pregunta para qué sirve, en qué consiste y cómo se va a hacer. Al preguntar participas en tu propia atención; no estás desconfiando de nadie.
- Puedes pedir pausas: «necesito un momento» o «pare, por favor», también cuando la exploración ya ha empezado.
- Ten a mano una frase para cuando algo no te encaje, como «¿me lo puede explicar otra vez?» o «¿por qué hace falta esto hoy?».
Si llevas años sin ir, no esperes a tener algo grave. Una cita sin urgencia te deja preparar todo esto con calma, y salir de ella sabiendo que fuiste ya le enseña algo a tu sistema de alarma. Las dudas concretas de salud física las tiene que responder tu médica o médico, o el servicio especializado de tu comunidad.
Qué dice la ley sobre el trato y el consentimiento
Conocer la norma no quita el miedo, pero te da un punto de apoyo. Te resumo lo que dice el texto consolidado de la Ley 4/2023 en el BOE y cito al pie de la letra lo esencial:
- Atención sanitaria a personas trans (artículo 56). Se realiza conforme a los principios de «no patologización», «autonomía, decisión y consentimiento informados» y «no discriminación», entre otros, y la ley pide asegurar «el respeto de su intimidad y la confidencialidad sobre sus características físicas, evitando las exploraciones innecesarias». El artículo 19 recoge los mismos principios para la atención a la salud de las personas intersexuales.
- Consentimiento informado (artículo 57). Remite a la Ley 41/2002 de autonomía del paciente, que se aplica a cualquier paciente, seas o no una persona trans. Su artículo 4 dice que la información comprende «como mínimo, la finalidad y la naturaleza de cada intervención, sus riesgos y sus consecuencias». Su artículo 8, que «toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado».
- Terapias de conversión (artículo 17). Prohíbe los métodos y terapias «destinados a modificar la orientación o identidad sexual o la expresión de género de las personas, incluso si cuentan con el consentimiento de la persona interesada».
Si sales de una consulta con la sensación de que te han tratado mal, puedes pedir la hoja de reclamaciones o dirigirte al servicio de atención al paciente del lugar donde te atendieron. No hace falta decidirlo en caliente: anota ese mismo día qué pasó, con fecha y hora, y decide después.
Si sales de una consulta con el cuerpo revuelto
Después de una mala experiencia es frecuente salir con el corazón a mil, con rabia o con vergüenza, y pasarte días repasando lo que dijiste y lo que te callaste. Eso no significa que tú lo hicieras mal.
Cuando una exploración se vivió como invasiva, el cuerpo puede quedarse en alerta durante un tiempo. Ese malestar tiene sentido y se puede trabajar. No necesitas contar los detalles para que cuente, ni compararlo con algo peor. Si conecta con experiencias anteriores, trauma sexual e intimidad explica por qué el cuerpo se protege aunque tu cabeza sepa que ahora estás a salvo.
En los días siguientes suele ayudar:
- Contárselo a alguien de confianza antes de que la experiencia se convierta en una regla del tipo «nunca más».
- Separar esa consulta de toda la sanidad. Lo que pasó en una consulta no dice cómo será la próxima vez.
- Cuidar lo básico: dormir, comer, moverte un poco.
- Volver a pedir cita cuando la necesites, con otra persona si tienes esa opción.
Si con el tiempo notas que esos recuerdos se te meten sin querer, que duermes peor o que evitas todo lo que te lo recuerda, cuéntalo en terapia.
Qué se trabaja en terapia y qué no
La terapia no intenta cambiar tu orientación ni tu identidad. Lo prohíbe el artículo 17 de la Ley 4/2023 y, además, no hay nada que cambiar. Tampoco sustituye a la atención médica: su papel es ayudarte a poder ir.
En sesión se puede trabajar:
- La ansiedad de los días previos, para que el «y si» no decida por ti. Si es lo que más te pesa, ansiedad anticipatoria lo desarrolla.
- La preparación de una cita concreta: qué vas a decir, cómo pedir una pausa, qué harás si algo no te encaja.
- Lo que dejaron experiencias anteriores, con un enfoque sensible al trauma, sin forzar y sin prisas.
- El cansancio de tener que explicarte una y otra vez, y la vergüenza que a veces se pega a ese cansancio.
Si eres una persona trans o no binaria, terapia afirmativa trans y no binaria recoge lo propio de ese acompañamiento, también cuando el trato sanitario ha dejado huella. La terapia afirmativa parte de que tu identidad no es lo que hay que tratar. No hay un número de sesiones ni un plazo fijo, y el ritmo se ajusta a ti.
¿Cuándo pedir ayuda?
Tiene sentido buscar apoyo si llevas meses o años aplazando una consulta que sabes que necesitas, si la ansiedad empieza días antes de cada cita, si una experiencia pasada te sigue removiendo o si ya ni te planteas ir.
Ante síntomas urgentes, dolor intenso o riesgo, acude a urgencias o llama al 112 aunque te dé miedo el trato. Preparar la consulta sirve para las citas que pueden esperar, no para retrasar las que no.
Si estás pasando por un momento de crisis o aparecen pensamientos de hacerte daño, no lo sostengas a solas: 024 (línea de atención a la conducta suicida, 24 h), 112 si hay peligro inmediato, o 717 003 717 (Teléfono de la Esperanza).
La valoración gratuita la hace el equipo y es un primer espacio, sin juicio, para ver por dónde empezar. El trabajo continúa en terapia LGTBIQ+ online, desde donde estés. Tienes más artículos sobre el tema en el blog LGTBIQ+.
Esto es divulgación y no sustituye una consulta médica ni psicológica. Andrés Silvestre Gámez, psicólogo general sanitario, colegiado M-40811 (COP Madrid).
Preguntas frecuentes
¿Es normal tener miedo a ir al médico por ser LGTBIQ+?
Es comprensible, sobre todo si ya has vivido comentarios o exploraciones que nadie te explicó. Es una respuesta aprendida a un trato que no debería ocurrir, y el fallo no es tuyo. Lo importante es que no decida por ti cuando necesitas atención.
¿Tengo que contar mi orientación o mi identidad en la consulta?
Cuéntala cuando sea relevante para lo que consultas y cuando tú quieras. Si no sabes si lo es, puedes preguntar para qué se necesita ese dato antes de darlo. Tu médica o médico es quien puede decirte qué información le hace falta para atenderte bien.
¿Puedo pedir que me expliquen una exploración antes de hacerla?
Sí. La Ley 41/2002 dice que la información comprende, como mínimo, la finalidad y la naturaleza de cada intervención, y que toda actuación necesita tu consentimiento libre y voluntario. Preguntar para qué sirve, en qué consiste y pedir una pausa forma parte de esa participación.
¿Y si tengo algo urgente y me da miedo cómo me van a tratar?
Ve igualmente. Ante síntomas urgentes, dolor intenso o riesgo, acude a urgencias o llama al 112. Lo que pase con el trato se puede revisar después, con calma y con apoyo.
¿La terapia sustituye a ir al médico?
No. La terapia trabaja el miedo, la preparación y lo que dejaron las malas experiencias. Las dudas de salud física las resuelve tu médica o médico, o el servicio especializado de tu comunidad.
¿Qué hago si en una consulta me trataron mal?
Primero, cuidarte en los días siguientes y contárselo a alguien de confianza. Después, si quieres, puedes pedir la hoja de reclamaciones o acudir al servicio de atención al paciente del lugar donde te atendieron. En terapia se puede trabajar lo que esa experiencia removió.