El chemsex es el uso intencionado de drogas para mantener relaciones sexuales durante periodos largos entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres; así lo define la propuesta del Plan Nacional sobre el Sida publicada en la Revista Española de Salud Pública. No es un diagnóstico ni dice nada de tu orientación. Es una práctica, y cuando se complica, a menudo no es por el sexo en sí, sino por lo que las sustancias pueden estar tapando: soledad, vergüenza, estrés de minoría o un trauma antiguo. Ahí es donde un psicólogo puede ayudarte, sin sermones.
Si alguien pierde el conocimiento, respira con dificultad o está muy intoxicado, llama al 112 ahora. Si en el bajón de los días siguientes aparecen ideas de hacerte daño: 024 (línea de atención a la conducta suicida, 24 h), 112 si hay peligro inmediato, o 717 003 717 (Teléfono de la Esperanza). Si ha habido sexo sin tu consentimiento o sospechas de sumisión química: 112 y urgencias. Nada de esto se espera a la próxima cita con tu psicólogo. Fuera de España, tu servicio local de emergencias.
Es habitual que quien busca ayuda por esto sienta que sin sustancias no es capaz de ligar, que el bajón de los días siguientes le deja fuera de juego o que lo que más le asusta es la soledad de después.
Respuesta rápida: no es tu deseo, es lo que se ha pegado a él
El chemsex no se trabaja como un problema de orientación ni de moral. Se trabaja preguntando para qué sirven hoy las sustancias en tu vida sexual: para desinhibirte, para aguantar los nervios del primer contacto, para sentir cercanía o para no pensar en algo que duele.
Una revisión sistemática de Maxwell, Shahmanesh y Gafos concluye que parece practicarlo una minoría de los hombres que tienen sexo con hombres (en estudios de países de renta alta, con estimaciones muy variables), y que quienes lo hacen corren el riesgo de que afecte a su salud y a su bienestar. Dicho de otro modo: no es “lo que hace todo el mundo”, y tampoco es algo sin consecuencias. Las dos ideas a la vez.
¿Qué suele haber debajo del chemsex?
Las sustancias no explican por qué empiezan a hacer falta. En las entrevistas que Pollard, Nadarzynski y Llewellyn hicieron a 15 hombres que practicaban chemsex y acudían a servicios de salud sexual tras una exposición de riesgo, ellos mismos lo situaban en un contexto psicosocial marcado por la marginación homófoba; los autores lo relacionan con el estigma, el estrés de minoría y formas de afrontamiento que acaban pasando por el consumo. Estas son algunas de las capas que pueden aparecer:
- Soledad. Mucho sexo y muy poca intimidad. Contactos constantes y nadie a quien llamar un martes por la noche.
- Vergüenza. Una vergüenza antigua sobre el propio deseo que, sin sustancias, vuelve a hablar alto. Es el terreno de la homofobia interiorizada.
- Estrés de minoría. Años de alerta, de medir gestos, de esperar el rechazo. El estrés de minoría no desaparece al mudarte a una ciudad grande; a veces solo cambia de forma.
- Trauma. Experiencias sexuales no deseadas, acoso en la adolescencia o relaciones donde el cuerpo aprendió a desconectarse. Cuando hay algo así, el trauma en la intimidad suele estar en el núcleo, aunque llegue tarde a la conversación.
- Presión por gustar y por rendir. El miedo a no estar a la altura, a no encajar en un cuerpo concreto o a no aguantar el ritmo.
Ninguna de estas capas es tu orientación. Ser gay, bisexual o tener sexo con hombres no causa nada de esto; el rechazo por ello, si lo has vivido, sí puede pesar.
Las apps no son el problema, pero cambian el ritmo
Las aplicaciones de citas son, para muchos hombres, una forma legítima de conocer gente, sobre todo si vives lejos de tu entorno o acabas de cambiar de ciudad. El matiz está en el ritmo que imponen: disponibilidad continua, conversaciones que duran minutos y la sensación de que siempre hay otra opción. Si ya arrastras miedo al rechazo, ese ritmo puede empujarte a buscar algo que baje la tensión antes del encuentro.
Entenderlo no es justificar nada. Es saber qué necesidad real hay que atender por otro camino.
¿Cómo saber si se te ha ido de las manos?
No hay una cifra que marque la frontera. Lo que importa es si sigues eligiendo o si ya no. Algunas señales que conviene tomarse en serio:
- Los encuentros se alargan más de lo que tenías pensado, y cada vez más a menudo.
- Faltas al trabajo, cancelas planes o llegas al lunes sin poder funcionar.
- Te cuesta tener sexo, o incluso desearlo, sin sustancias.
- El bajón posterior dura varios días y te deja triste, irritable o con culpa.
- Te vas alejando de amistades que no forman parte de ese mundo.
- Te prometes parar y no lo consigues, o dejas de prometértelo porque ya no te lo crees.
- Hay situaciones que después no recuerdas bien, o que no habrías aceptado sin haber consumido.
Una sola de estas señales ya justifica hablarlo con alguien. No hace falta tocar fondo para pedir ayuda.
Cómo se trabaja en terapia afirmativa
El objetivo no es cambiar tu deseo ni tu orientación. Eso, además de inútil, está prohibido: la Ley 4/2023, en su artículo 17, prohíbe las terapias de conversión. Tampoco hace falta haber dejado de consumir para empezar: se trabaja con lo que hay ahora. Lo que sí trabajamos, a tu ritmo y sin moralizar:
Entender la función. Qué te dan las sustancias en el sexo y qué te quitan. Sin esa foto, cualquier plan se queda en fuerza de voluntad.
La vergüenza. Separar la vergüenza que te enseñaron de lo que tú valoras de verdad. Suele ser lo que más sostiene el ciclo y lo que menos se nombra.
El trauma, cuando lo hay. Con abordajes específicos, sin forzar el relato y respetando lo que tu cuerpo tolera en cada momento.
La intimidad sin sustancias, si tú lo quieres. Recuperar la posibilidad de elegir con quién, cómo y cuándo. Para unas personas eso significa dejar el chemsex; para otras, recuperar el control sobre él. Esa decisión es tuya, no del terapeuta.
La red. Reconstruir vínculos donde no haga falta estar bajo los efectos de nada para sentirte cerca de alguien.
No podemos prometerte resultados ni plazos. Sí un espacio donde decirlo todo sin que la conversación se convierta en un juicio.
¿Cuándo hace falta, además, un recurso médico?
La psicoterapia no lo cubre todo. Si el consumo es frecuente, si tu salud física se resiente o si hay prácticas de riesgo, conviene sumar un recurso médico o de adicciones (también los de reducción de daños), o tu centro de ITS/VIH. Tu médico de familia también puede orientarte.
El Ministerio de Sanidad publicó un documento técnico sobre el abordaje del chemsex dentro del Plan Nacional sobre el Sida. El artículo que lo presenta en la Revista Española de Salud Pública enumera entre las posibles consecuencias de una práctica intensiva el impacto en la salud mental, el deterioro físico, la caída del rendimiento laboral y el desgaste de las redes de apoyo. Por eso tiene sentido que el trabajo psicológico vaya coordinado con otros profesionales cuando la situación lo pide.
Sumar ese recurso no significa esperar a terminar con él para empezar la terapia: las dos cosas pueden ir a la vez. En la valoración vemos contigo en qué punto estás y cómo encajarlas.
En qué se diferencia de otras cosas que quizá has leído
- Hipersexualidad y compulsión sexual: allí el foco es la conducta sexual en sí, que se vuelve difícil de controlar aunque no haya sustancias de por medio. En el chemsex lo que se enreda es la unión entre sexo y consumo, y muchas veces lo que ha dejado de ser posible es justo el sexo sobrio.
- Trauma y vergüenza: explica cómo la vergüenza nace de experiencias traumáticas y se instala como forma de verte. Aquí se ve una de las maneras concretas en que esa vergüenza busca alivio.
- Plumofobia y presión estética: trata el rechazo que llega desde dentro del propio colectivo. Puede ser una de las capas que alimentan el chemsex, pero no es lo mismo.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si te reconoces en alguna de las señales, si el bajón te pesa más que el encuentro o si simplemente quieres entender qué te está pasando, no hace falta esperar ni haberlo dejado antes. La terapia es online, en español y con enfoque afirmativo.
La valoración gratuita es un primer espacio para ordenar qué está pasando, en qué punto está el consumo y por dónde empezar, incluido si conviene sumar un recurso médico o de adicciones. El trabajo continúa en terapia LGTBIQ+ online, y en la guía de artículos LGTBIQ+ tienes más lecturas relacionadas.
Recuerda: intoxicación, pérdida de conciencia o dificultad para respirar, 112. Si en el bajón aparecen ideas de hacerte daño: 024 (línea de atención a la conducta suicida, 24 h) o 717 003 717 (Teléfono de la Esperanza). Sexo sin consentimiento o sospecha de sumisión química: 112 y urgencias. Nada de eso se espera a la próxima cita.
Esto es divulgación y no sustituye una consulta. Andrés Silvestre Gámez, psicólogo general sanitario, colegiado M-40811 (COP Madrid).
Preguntas frecuentes
¿El chemsex es una adicción?
No necesariamente. Es una práctica, y no todas las personas que la han tenido desarrollan un problema con ella. Lo que se valora es si hay pérdida de control y consecuencias en tu vida, y eso se mira caso por caso, sin ponerte una etiqueta de entrada.
¿Tengo que dejarlo del todo para empezar terapia?
No. No hace falta haber dejado el consumo antes de empezar. Cuando hace falta, la terapia se hace a la vez que un recurso médico o de adicciones, que se ocupa de la parte física. En la valoración vemos contigo en qué punto estás y cómo combinar las dos cosas.
¿Me vais a juzgar por mi orientación o por usar apps?
No. El enfoque es afirmativo: tu orientación no es el problema ni el objeto del trabajo, y usar aplicaciones de citas no dice nada malo de ti. Trabajamos lo que a ti te está haciendo daño, no lo que a otros les parezca bien o mal.
¿Y si en un encuentro pasó algo que no consentí?
Lo primero es tu seguridad: si acaba de ocurrir, llama al 112 o acude a urgencias. Lo que pasó no fue culpa tuya por haber consumido. Cuando estés a salvo, se puede trabajar en terapia con cuidado y a tu ritmo, sin obligarte a contar nada antes de estar preparado.